Pudo ser por torpeza o por exceso de mala suerte, pero un ladrón que había robado 17 cospeles cayó en manos de la Policía cuando intentaba huir. Después, en la comisaría, sus compañeros de calabozo le dieron tal golpiza que debieron trasladarlo a otra dependencia policial.
Todo empezó el lunes a la mañana, cuando un hombre de 25 años le hizo señas al colectivo en la esquina de Thomas Edison y pasaje Díaz Vélez, en barrio San Cayetano. Ramón Miguel Lucena, de 58 años, conducía el interno 933 de la línea 10 en el momento en que subió el individuo.
Según le dijo el chofer a la Policía, el asaltante subió al ómnibus con un cuchillo en la mano y lo amenazó con darle un puntazo. Como Lucena no se resistió, levantó 17 cospeles, bajó del colectivo en el mismo lugar donde ascendió y huyó corriendo hacia el sur.
En ese instante, tres agentes de la seccional 4ª pasaron por la zona y fueron llamados a gritos por el chofer. Luego de escuchar lo que había sucedido, los uniformados salieron a buscar al individuo. "El hombre que asaltó el colectivo saltó la tapia y está en esa casa", alertó un vecino, señalando a una vivienda de Thomas Edison al 200.
Al escuchar que lo seguía la Policía, el delincuente comenzó a saltar de tapia en tapia, por los patios de las casas, hasta que cayó en la vivienda de un gurdiacárcel que trabaja en el penal de Villa Urquiza. El oficial Franco Sebastián Paliza redujo al individuo y lo despojó del cuchillo que empuñaba, para luego entregarlo a los policías de la seccional 4ª.
La historia no terminó ahí para el joven asaltante. Cuando ingresó al calabozo, los otros presos lo reconocieron y le dieron una tremenda paliza. Según explicó la Policía, el delincuente ya había estado detenido en esa dependencia anteriormente y su relación con sus compañeros era mala. Por eso, ante la brutal golpiza que le propinaron, el hombre tuvo que ser asistido por el médico de Policía y trasladado a la base del Área Investigativa 4ª, donde finalmente quedó alojado por robo agravado con arma blanca.